17 junio, 2006

Dos poemas de María Alonso

A MERCED DE TU CORRIENTE


Nos miraba el amor

tan complaciente,

que en las alas de tus ojos me dormía,

y soñé que allí en tu piel bebía

el placer que emanaba tu corriente.


En el hueco de tus manos me escondías,

recitándome en los labios tus lamentos,

y en la aurora ya del nuevo día

me cubrías con tu dicha,

asomándote a mi cuello.


Nos miraba el amor

tan complaciente,

que en el gozo de tu lazo me dormía,

y soñé que en tu abrazo sucumbía

navegando a merced de tu corriente.



S/T

Amanece,

café y pan caliente

junto a la ventana.

Para ti estos versos

para mí tu ausencia,

o tu lejanía...

Los vencejos chillan,

al aire le roban briznas.

Yo le robo al tiempo

aquel instante de tu boca

para hacerla mía,

y rescatar de nuevo

aquel fugaz encuentro,

fugaz como la vida.


Abría marzo el saúco

y en la ribera extendía

aquel perfume fluvial

de pura melancolía,

que escalaba a tus palabras

y en mi corazón prendía.


El tiempo es un murmullo

que cose nuestras vidas,

las ata con mil penas

o las borda de alegrías,

pero nunca se detiene

ni espera,

ni olvida

aquel instante de tu boca

que no pudo ser mía.